Querido Papa Francisco:
El director de Religión Digital me invita a escribir unas letras sobre ti, pero yo prefiero escribirte desde mi corazón de mujer que busca seguir a Jesús aunque sepa lo lejos que está de hacerlo fielmente.
Me dirijo a ti de hermana a hermano mayor, sin protocolos ni títulos: incluso me atrevo a tutearte, tu sencillez y cercanía me mueve a hacerlo.
Lo primero que me brota del corazón es GRACIAS. ¡Hay tantos motivos para dártelas!
Enumero algunos:
· Por ti, por cómo eres persona creyente en Jesús de Nazaret, en el Dios de amor que Jesús nos desveló. Se te nota mucho, y me alegro de ello, la marca Ignaciana que una y otra vez nos invita a mirar al Jesús del Evangelio para dejar que nos seduzca y se nos graben en las entrañas sus hechos, sus palabras, su experiencia del Dios ABBA, Madre-Padre.
· Porque te veo vivir al “aire de Jesús” y no a otros aires, y como él sabes que arriesgas tu vida en la tarea de denuncia y anuncio sin pelos en la lengua, en tus actos que desenmascaran mentiras, corrupciones, injusticias fuera y dentro de la Iglesia. No sé si tienes o no miedo, pero lo que sí veo es que ese miedo, humano y sabio por otra parte porque te avisa de peligros reales incluso en tu entorno más cercano, no te paraliza.
· Porque me has devuelto la esperanza de que es posible una Iglesia nueva, más fiel al Evangelio, más pobre y cercana a la vida de quienes peor lo están pasando.
· Por tu llamada a construir de verdad “una Iglesia pobre y de los pobres” a todas las personas creyentes en Jesús y de un modo especial a los Obispos y responsables de las Iglesias locales a quienes invitas con gracia a ser “pastores que huelan a oveja”. Has puesto de relieve que la injusticia, la pobreza y el hambre son el problema más grave de la humanidad.
· Un muchas gracias de corazón por la denuncia de este sistema económico imperante, este neoliberalismo salvaje y asesino que mata, física, moral y psíquicamente a millones de personas. “Los sobrantes”, como tú lúcidamente los llamas, son cada día más mientras desde instancias de nuestro gobierno español y de otros muchos se nos miente diciendo que vamos “a mejor” cuando crece el abismo insultante entre pobres y ricos: cada día hay más desesperanza, suicidios, muertes prematuras, pateras llenas de sueños rotos, vidas perdidas por querer buscar comida y un futuro mejor.
· Tu búsqueda de justicia social, la llamada al cambio de estructuras, al desmantelamiento de este sistema capitalista de casino, es una constante en tus discursos. Por ello de doy muchas gracias, el tema de la dimensión política y estructural del amor aún no ha entrado suficientemente en gran parte de nuestra Iglesia.
· Por tu exhortación apostólica animándonos a vivir la alegría del evangelio, a hacerlo vida desde ese saborear el gozo de la Buena Noticia del Reino. Nos invitas, no sólo a vivir la alegría sino a contagiarla porque a pesar de todo es posible la esperanza y porque es verdad también que hay muchas personas comprometidas en la lucha por un mundo más justo, más igualitario, menos corrupto. Tú eres un buen ejemplo de esa alegría. Me encanta ver una y otra vez tu rostro rebosando de su fuente inagotable, que es la seguridad inquebrantable del amor incondicional de Dios. Una experiencia que nada ni nadie puede arrebatarte y eso es lo que explica que a pesar de todos los pesares, y seguro que son muchos que sólo tú sabes, sigas manteniendo tu sonrisa, mejor aún tu risa contagiosa en muchos momentos. ¡Que gusto un Papa con sentido del humor!
· Porque con tu talante dialogante favoreces que dentro de nuestra Iglesia vayamos abandonando posturas de cerrazón, intransigencia y dogmatismos varios que tanto han predominado y en gran parte siguen presentes en las propias estructuras de la Curia Romana, en nuestras comunidades cristianas, en nuestros Obispos, personas con responsabilidades eclesiales y un largo etc. Tus palabras “hemos de construir puentes, no muros para defender la fe”; necesitamos “una Iglesia de puertas abiertas, no de controladores de la fe” me llenan de alegría y de esperanza.
· También porque has dejado de lado la obsesión, tan eclesiástica, en torno a los temas sexuales para poner la mirada, como Jesús, en la injusticia, la idolatría del dinero, del poder, del prestigio.
· No quiero dejar de agradecerte que hayas elegido no vivir en las estancias papales vaticanas y quieras vivir con otras personas, en otro ambiente, con otra sencillez. Aunque en un vídeo que he visto tú, con mucho humor, les decías a unos jóvenes que habías elegido vivir con otras personas por “razones psiquiátricas”, porque no sabías vivir sin gente, muchas personas te agradecemos esa elección. Necesitamos testimonios como el tuyo, nos reconfortan.
La segunda palabra que quiero hacerte llegar es mi expresión pública de APOYO, ADMIRACIÓN Y ALIENTO por: